El
creyente debe vivir lo que la Biblia enseña. Debemos presentarnos ante Dios
como colaboradores del ministerio y obreros aprobados que no tenemos de qué avergonzarnos.
No siempre es fácil llevar una vida de acuerdo a las demandas bíblicas, pero
tenemos la promesa que Dios estará con nosotros hasta el final de nuestros
días.
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