Esta tarde ví a mi hermano.
Venía desde lejos,
del campo,
donde están los hombres sin tierra.
Tenía las manos callosas
y una lampa al hombro.
Venía desde lejos,
del campo,
donde están los hombres sin tierra.
Tenía las manos callosas
y una lampa al hombro.
A la memoria de Julia Espejo de Vega.
He transitado por ciudades sin nombres
preguntando por muchos hombres.
He cruzado extensos puentes
encontrando sólo hermosas fuentes.
Día tras día he trabajado fuerte
no buscando mi propia suerte.
Por el contrario, ante la muerte
tuve la intención de verte.
He mirado aquel madero sin vida
y también aquella piedra removida.
He visto la historia dividida
y cumplida tu Palabra de Vida.
Los comentarios sobre la aparición de estos seres que aparecieron, literalmente, de la noche a la mañana, corrieron como reguero de pólvora y no faltó quienes afirmaban que habían sido expulsados del Barrio Fiscal № 5, uno de los más respetados del Callao, donde había vivido el tristemente célebre “Champita”, ex capitán de la entonces Guardia Civil del Perú, que lideró la temible banda delictiva “Los Paracaidistas”. Los fundadores de este barrio eran antiguos moradores de Chucuito, destruido por un terremoto cojuntamente con la zona antigua del puerto chalaco. Fue el terremoto de Lima y Callao que se produjo el 24 de mayo de 1940, a las 11:35 de la mañana con su respectivo tsunami cuyas aguas llegaron hasta el Jr. Lord Cochrane, arrastrando hasta las puertas del mercado central un bote grande, de cuya manera se confeccionó después una cruz colocada en la puerta del mercado. Este terremoto fue sentido hasta Guayaquil por el norte y Arica por el sur. Los otros damnificados fueron rehubicados en lo que ahora conocemos como las “barracas o barracones” del terremoto.
Entre dos puntos
imaginarios del infinito,
se puede observar
decenas de astros
y cuerpos celestes.
Entre dos miradas
que se encuentran,
se puede mirar
con genuina amplitud
la nitidez de las pupilas.
A Lucy.
Ya no te veré más.
te has ido para siempre.
Hoy he perdido algo.
Me había acostumbrado
a tu alegre sonrisa,
y a ese café descafeinado.
También a tus ocurrencias.