Esa noche te busqué
entre las estrellas
y no te hallé.
Fui a las chacras
y pregunté a los arbustos,
pero no te habían visto.
Ví relámpagos,
escuché truenos,
miré al cielo
Y en el aguacero
estabas tú.
Esa noche te busqué
entre las estrellas
y no te hallé.
Fui a las chacras
y pregunté a los arbustos,
pero no te habían visto.
Ví relámpagos,
escuché truenos,
miré al cielo
Y en el aguacero
estabas tú.
dos relámpagos,
tres horas de aguacero,
cuatro flores,
cinco tazas con café
y tú en mis pensamientos.
Poema escrito en Andahuaylas, Apurímac, el 16 de noviembre de 1987, en una mañana fría en una cafetería del pueblo.
© César Sánchez Martínez.
© Poemario “Sueños
Epistolares”.
nos roban la alegría
y venden nuestra alma.
Nos cambian sólo
por un plato de lentejas.
A nosotros los pobres
nos quitan el pan.
Nos dan agua por leche,
hiel por miel
y espinas por rosas.
Te veo en la distancia.
Te escucho en el viento.
Te percibo en mis recuerdos.
Eres tan real,
que mis ojos te ven,
mis oídos te escuchan
y mis manos te tocan.
Desde que te fuiste
sin despedirte,
suelo recordarte siempre.
En
las circunstancias más profundas de mi vida,
mi alma y mi corazón se vuelven hacia ti.
En momentos de duras pruebas,
muchas veces he pensado:
¿Dónde te encuentro?
Honestamente, las jornadas diarias
varias veces me apartaron de tu presencia.
Me cuesta volver y tú lo sabes.
Venía desde lejos,
del campo,
donde están los hombres sin tierra.
Tenía las manos callosas
y una lampa al hombro.