Te veo en la distancia.
Te escucho en el viento.
Te percibo en mis recuerdos.
Eres tan real,
que mis ojos te ven,
mis oídos te escuchan
y mis manos te tocan.
Desde que te fuiste
sin despedirte,
suelo recordarte siempre.
Te veo en la distancia.
Te escucho en el viento.
Te percibo en mis recuerdos.
Eres tan real,
que mis ojos te ven,
mis oídos te escuchan
y mis manos te tocan.
Desde que te fuiste
sin despedirte,
suelo recordarte siempre.
En
las circunstancias más profundas de mi vida,
mi alma y mi corazón se vuelven hacia ti.
En momentos de duras pruebas,
muchas veces he pensado:
¿Dónde te encuentro?
Honestamente, las jornadas diarias
varias veces me apartaron de tu presencia.
Me cuesta volver y tú lo sabes.
Venía desde lejos,
del campo,
donde están los hombres sin tierra.
Tenía las manos callosas
y una lampa al hombro.
A la memoria de Julia Espejo de Vega.
He transitado por ciudades sin nombres
preguntando por muchos hombres.
He cruzado extensos puentes
encontrando sólo hermosas fuentes.
Día tras día he trabajado fuerte
no buscando mi propia suerte.
Por el contrario, ante la muerte
tuve la intención de verte.
He mirado aquel madero sin vida
y también aquella piedra removida.
He visto la historia dividida
y cumplida tu Palabra de Vida.