jueves, 30 de abril de 2026

POEMA: EL VESTIDO AZUL


En mayo siempre recuerdo

la casa de Pueblo Libre,
las revistas Vanidades,
el gato verde y la Biblia grande.
Me acuerdo del callejón,
el tranvía y la Farmacia Tizón.

En mayo recuerdo muchas cosas,
pero especialmente a mi madre,
mujer sencilla de mirada tierna,
sufrida, pero siempre paciente.

En mayo también evoco las crayolas
de la Iglesia Bautista de Pueblo Libre,
de las rojas y azules, enteras y partidas.
¡Cuántos “corazones de Pedro”
se pintaron en aquel pequeño templo!
El azul porque es el color del cielo
y el rojo por la sangre del Cordero.

Mi madre tenía sólo un vestido azul.
Lo usaba cada domingo en la iglesia.
Les hablo de los recuerdos porque
nos transportan a los años idos.
Regresan brevemente los sueños,
las alegrías y también las travesuras.
Por eso escribo, para recordar lo que hizo
aquella mujer del vestido azul.

La recuerdo cantando tímidamente
“En la cruz” o “La nave evangelista”.
Así, aprendí las primeras alabanzas
y también los primeros versículos.
Decía que los niños son de Dios
y cada domingo con su vestido azul
nos llevaba a la Escuela Dominical.

Las pruebas eran parte de su misión
y su refugio fue siempre la oración.
Quizá nunca fue una mujer excepcional,
menos una mujer intelectual,
sólo tuvo al amor como ritual.

En mayo la recuerdo con su vestido azul
ingresando a la pequeña Iglesia Bautista
del jirón Vivanco en Pueblo Libre,
de aquel distrito histórico y libre.

Ahora que ya no está,
que no canta tímidamente como antes,
ni tampoco usa su único vestido azul,
la recuerdo leyendo su Biblia grande.
en la Magdalena Vieja de mis amores.

 

En la casa del Callao, frente al mar.
Julio, 1990

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